El auto no estaba en la cochera, de manera que estaba en camino aún, subí a la habitación y me quité todo lo que llevaba encima, me puse solo un camisón ligero de satín y encaje que él adoraba. Caminaba descalza por el pasillo que llevaba desde la cocina hasta la escalera que daba a la terraza, subí con un vaso con agua en mi mano y totalmente despreocupada, me senté en el sofá que estaba mas allá del asador, me recargué ligeramente sobre mi brazo y me fui quedando dormida.
—Corazón —le escuché