La esposa de Erik me sonríe y abraza alegando que ansía convertirse en mi hermana y no sé qué. Todo es halagos, cumplidos e hipocresía.
Al final nos sentamos a la mesa (obviamente y como era de esperarse, me ponen al lado de Benjamín). Tiene unos modales exquisitos, pero no me imagino casada con él. No es mi tipo.
—Haremos un imperio envidiable —Erik alza la copa cuando vamos por el plato fuerte—. Seremos intocables, nos respetarán y temerán. ¡Brindo por una nueva era!
Sandro y Erik se llevan d