Si la gente supiera el daño que ocasionan las palabras, seguramente tendrían más cuidado al pronunciarlas.
A las palabras se las lleva el viento, pero provocan sentimientos; escuchar desencadena una serie de reacciones que culminan en emociones y aunque una acción vale más que mil palabras; uno sigue confiando en letras bien acomodadas.
Pero eso se acabó. Confié en cada cosa que los cercanos a mí me decían, creí cada sonido que salía de su boca, pero al final mintieron. Todos y cada uno de ello