Capítulo 13: Ya no hay vuelta atrás
El portazo no fue solo un ruido seco en medio del silencio, fue una declaración. Un disparo emocional. Rodrigo no esperó a que nadie lo invitara a pasar. No tocó. No anunció su llegada. Simplemente irrumpió, como una tormenta inesperada, arrastrando consigo toda la rabia acumulada y un resentimiento que ya no podía disimular.
—¡Qué lindo reencuentro! —espetó con una sonrisa torcida, venenosa. Su voz temblaba, no de dolor, sino de furia contenida—. ¿No me van