Vincent se dirigió hacia la puerta, su silueta enorme llenando el marco. Antes de salir, se volvió una vez más.
—Quédate dentro—dijo, su voz era suave pero impregnada de una autoridad que no admitía discusión.
Lara asintió. Observó cómo su compañero, el padre de su bebé, se fundía con las sombras del amanecer para enfrentar a la mensajera y a la tormenta que ella anunciaba. La burbuja de alegría se había desinflado, pero en su lugar había crecido algo más sólido: la feroz voluntad de proteger e