capitulo:Debo protegerla
Mientras la noche caía sobre Milán y Rose se despedía de Lorenzo con una sonrisa temblorosa, Alessandro estaba lejos, en su apartamento de Roma, rodeado por la fría opulencia de un ático que parecía esconder más soledad que seguridad. La ciudad se extendía debajo de él como un tablero de luces y sombras, y la lluvia golpeaba las ventanas creando un murmullo constante. Allí, en medio de su lujo, Alessandro sintió un tirón en su memoria, un recuerdo que no era completo pero que lo atravesó con cla