El sol de la tarde iluminaba suavemente los tejados de Milán, tiñendo de dorado los caminos del zoológico mientras Rose caminaba junto a Lorenzo. Los sonidos de los animales, desde los rugidos lejanos de los leones hasta los chillidos alegres de los monos, creaban un fondo lleno de vida que contrastaba con la tranquilidad que ambos buscaban.
—Nunca pensé que terminaríamos aquí, entre jirafas y flamencos —dijo Rose, sonriendo mientras observaba a un grupo de pingüinos deslizarse por el agua—. Pe