CAPÍTULO 87.
Capítulo 87
El apartamento de Anna se sentía como una olla a presión. Sofía caminaba de un lado a otro, con los puños apretados y la mandíbula tensa. Cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de Andrea, su sonrisa de suficiencia y el lujo de esa casa que, según ella, Miguel le había regalado.
Lo que más le dolía era la sensación de haber sido traicionada de nuevo por el hombre que, hace apenas unas horas, le juraba amor eterno en una cama de hospital.
—Sofi, siéntate. Vas a abrir un hueco en