CAPÍTULO 66.
Capítulo 66
En el despacho de la mansión Ríos, el silencio era tan denso que parecía palpable. Miguel estaba sentado en un sillón de cuero, con la mirada perdida en un punto fijo del escritorio. No era el hombre que se había arreglado para el juzgado días atrás; era una sombra envuelta en una bata de seda, con una barba de varios días y una copa de coñac que no se molestaba en tocar.
La puerta se abrió y Guzmán entró con un sobre en la mano.
—Señor, lo buscan de la gobernación del pueblo de San