CAPÍTULO 116.

Capítulo 116

Al día siguiente, el hospital se sentía como una fortaleza. Miguel caminó por los pasillos con el pulso acelerado, sintiendo el peso de la decisión que había tomado.

Ya no estaba jugando a ser el hijo preocupado; estaba entrando en una partida de ajedrez donde las piezas no eran de madera, sino de carne y huesos.

Al llegar a la habitación 402, los nuevos guardias, esos tipos que parecían sacados de un entrenamiento militar privado, lo observaron con una frialdad que le erizó la pi
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