Salieron después del desayuno del domingo.
Se quedó en el umbral de la casa de piedra y miró al mar por última vez antes de cerrar. La mañana estaba despejada y el agua hacía lo mismo que la primera mañana: captar la luz del amanecer, como si estuviera pensando.
Tomó una fotografía.
No para nadie más. Para ella misma.
Guardó el teléfono.
Metieron las maletas en el coche.
Él conducía.
Observó cómo la costa desaparecía tras ellos mientras la carretera se adentraba en el interior y el mar se conve