—Puedo quedarme con esto un momento —dijo Dominic, todavía sosteniendo la carta con ambas manos, como si pudiera desaparecer si la soltaba.
—Todo el tiempo que necesites —dijo Mara.
Se quedaron sentados en el coche, el motor apagado, el estacionamiento de la prisión vacío alrededor de ellos. Dominic leyó la carta una segunda vez, luego una tercera, sus labios moviéndose apenas con cada línea.
—Toda mi vida pensé que sabía todo lo que había que saber sobre él —dijo Dominic finalmente—. Y resul