El hotel del lado oeste era de esos que alguna vez fueron importantes y que se habían asentado en una versión más tranquila de sí mismos sin perder por completo su calidad.
Techos altos. Alfombras antiguas. El silencio particular de un edificio que entendía la discreción como una obligación profesional, no como una afectación.
Llegó a las nueve y cincuenta.
Clara ya estaba en el vestíbulo.
Estaba sentada en una silla cerca de la ventana con un café y un periódico abierto, pero sin leer.
Sus mir