—Podemos retrasar diez minutos la entrada del segundo vehículo —dijo Clara, ya al teléfono con el coordinador, su voz firme a pesar de la tensión visible en sus hombros—. Manténganlo estacionado hasta que yo confirme que el primero ya está en su posición designada.
Mara se quedó parada, sintiendo el corazón latirle con fuerza contra el corsé del vestido mientras escuchaba a Clara manejar la crisis con una eficiencia que solo meses de práctica podían producir.
—Confirmado —dijo Clara finalmente