—No puedo respirar —dijo Mara, de pie frente al espejo mientras Clara le ajustaba el último botón del vestido.
—Puedes respirar perfectamente —dijo Clara—. Solo estás nerviosa. Respira despacio, cuenta hasta cuatro.
Mara respiró, sintiendo el corsé ajustado del vestido presionarle las costillas de una manera que no era del todo incómoda, solo nueva. —Es real. Hoy es real.
—Muy real —confirmó Clara, dando un paso atrás para admirar su trabajo, sus ojos recorriendo cada detalle con la satisfacc