—Ahí están —gritó Ryan desde el otro lado de la sala de llegadas, agitando los brazos con un entusiasmo que atrajo la atención de varios pasajeros cercanos.
Una sonrisa enorme se le formó en el rostro al verlo, Clara de pie junto a él con un cartel casero que decía “Bienvenidos a casa, Señor y Señora Harlow” en letras torcidas y coloridas, evidentemente hechas con marcadores que se habían quedado sin tinta a mitad de la última palabra.
—No puedo creer que hicieran un cartel —dijo Mara, riendo