—Nerviosa —preguntó Dominic, tomándole la mano mientras esperaban en la sala de espera de la clínica.
—Un poco —admitió Mara—. No de una manera mala. Solo consciente de que esto hace todo más oficial de lo que se sentía en la luna de miel.
—Bueno —dijo él, sonriendo—. Ahí lo hicimos bastante oficial también, si mal no recuerdo.
Mara le dio un golpe suave en el brazo, riendo a pesar de los nervios. —Sabes a qué me refiero. Esto se siente como el primer paso formal, documentado, real.
—Real es