Él ya estaba en el café cuando llegaron.
No era el restaurante de reconocimiento. Un lugar neutral, según su sugerencia, lo que le decía algo sobre su forma de actuar. Había elegido un sitio que no pertenecía a ninguno de los dos bandos de la conversación.
Ella lo notó.
Marcus Webb rondaba los cuarenta y tantos años y tenía ese rostro particular que se adquiere tras años de escuchar atentamente a personas que no siempre dicen toda la verdad. Observador sin ser cruel. El rostro de alguien que ha