—Ahí está —dijo Dominic, señalando hacia la figura sentada en el borde de la acera frente a la prisión, iluminada apenas por una sola lámpara de la calle, su silueta pequeña contra el edificio gris detrás de él.
El pecho se le apretó a Mara al ver a Ryan así, los codos sobre las rodillas, la cabeza inclinada, una postura que hablaba de agotamiento puro más que de cualquier otra cosa.
Dominic estacionó el coche y salió de inmediato, cruzando la distancia en pocos pasos largos, sin ninguna vacil