—Voy a ir —dijo Dominic, sentado en el borde de la cama, ya vestido, el sol apenas saliendo por la ventana y proyectando franjas de luz pálida sobre las sábanas revueltas.
Mara se incorporó despacio, todavía medio dormida, sintiendo el peso de la afirmación antes de terminar de procesarla completamente. —Decidiste.
—Anoche, en algún momento mientras no podía dormir —dijo él, sus manos entrelazadas frente a él, la tensión visible en cada línea de su espalda—. Si no voy, siempre me voy a pregunt