El lado este de noche era diferente al lado este de mañana.
Las mismas calles, pero con la atmósfera del atardecer, la calidez particular de las ventanas iluminadas y la gente moviéndose al ritmo de quienes han terminado su jornada laboral y ahora se dedican a sus propios asuntos.
El taxi los dejó en la calle principal, a dos cuadras del edificio.
Ella miró la calle.
Él miró la calle.
«Por aquí», dijo.
Era evidente que había recorrido ese barrio dos veces esa semana y tenía un destino en mente,