Al día siguiente por la noche.
Esteban se mordió el labio con desesperación, ante la renuencia de Ximena.
—¡No puedo hacer eso! Él y yo ya estamos divorciados, no tengo porque hablarle o pedirle ayuda. Además...
Ella se mostró indecisa mientras lo miraba. Por lo que al darse cuenta Esteban sintió una punzada terrible de culpa y dolor. La abrazó y con pesar le hablo cariñosamente.
—Lo siento si te presioné. Pero de verdad, más que cualquier cosa lo único que me interesa es tu seguridad.