Podía decir mucho en ese momento, pero no estaba lo suficientemente preparado para decir que era por temor a la soledad o su ya auto reconocida obsesión. Negó y con más calma relajó sus hombros.
—Ya no importa.
Si esta decisión que tomaste, fue debido a mí. Lo aceptaré. No importa lo desalmada y cruel que quieras ser, para mí siempre serás la misma.
«No tengo el derecho ni la fuerza para recriminarte, sin importar lo que hagas...»
—Ya llamaron a tus padres, deben estar por llegar.
Para