Capitulo 6

—¡¿Por qué demonios no te mueres maldito?! ¡Púdrete en el maldito infierno de una vez por todas! ¡Te odio! ¡Jamás en mi vida me arrepentiré de algo más que de haberme aferrado a ti en ese momento! ¡Eres una m*****a basura sin corazón y sin sentimientos! ¡¡¡¿Por qué no me matas a mí?!!!

Ya sin poder luchar, Ximena se dejó caer en los brazos del hombre que la detenía. Lucas sintiéndose completamente asfixiado y agraviado, se dio la media vuelta y firmemente se alejó de ella volviendo a su estudio. 

Se dejo caer en el grande sofá y su asistente trato de encogerse para pasar desapercibido pareciendo un ratón en el más apartado rincón. Con su antebrazo cubrió sus ojos recordó su rostro, sus gritos, su dolor...

—Solo quería pasar tiempo contigo... como antes...

Se tuvo que volver a llamar al médico para poder tranquilizarla. 

Las botellas de Whisky se amontonaron en la mesa. Durante dos días la casa se mantuvo en un silencio sepulcral, mientras Ximena estuvo “dormida” y Lucas emborrachándose. 

Ámbar, se preocupó bastante por Ximena, cuando volvió a verla su tés era un más pálida y sus pómulos se veían aún más marcados. Limpio delicadamente sus lágrimas y su sudor ocasional. 

El asistente de Lucas sabía que intentar detenerlo era como tentar a la muerte misma, solo espero preocupado a que todo pasara como en ocasiones anteriores. Lo triste era que todos a su alrededor podían ver el problema, pero ninguno se podía acercar libremente a hablarle a los involucrados sin salir heridos. 

Solo podían suspirar y esperar a ver cuál sería el resultado de esta triste y desgarradora historia. 

Ya era el cuarto día y Ximena aun no despertaba. Ámbar se preocupó aún más y, armándose de valor, después de hacer la comida para Ximena que siempre estaba caliente esperando a que despertara, fue al estudio de Lucas. Sabía que necesitaba ese trabajo más que nada, sin embargo, no podía permanecer en la comodidad a costa de la vida de una persona. 

*********

Ximena que recién abría los ojos sentía su cuerpo aún más adolorido que en otras ocasiones, hizo una señal a uno de los hombres en el balcón. Este al ver que Ámbar no estaba a la vista recordó que era la hora en la que preparaba su comida, por lo que se acercó esperando que volviera rápido. 

—Quiero ver a Lucas.

El hombre al instante dio un paso hacia atrás y negó inmediatamente. 

—Lo siento señora, eso no...

—Por favor, te juro que no haré nada precipitado, solo quiero... Saber...

El hombre recordó lo sucedido y le hablo con firmeza. 

—Se lo aseguro señora, nada ha sucedido con respecto a sus hermanos. Yo estuve en esos días cerca del señor y ni una sola noticia se escuchó de ellos. 

Ximena bajó la mirada sin creerle. 

“Si no es así entonces... ¿Por qué el...?”

Negó inmediatamente y le hablo suplicante. 

—Tú iras conmigo, si lo que dices es verdad... Solo quiero escucharlo de él y no diré más. Por favor...

TOC, TOC, TOC.

—¿Señor...? 

Preguntó Ámbar tocando la puerta con algo de temor.  Ya le habían comentado que Lucas había estado indispuesto todos esos días, pero ella ya no podía contener su preocupación por Ximena. 

Solo quería pedir la visita del médico o definitivamente permiso para llevarla al hospital. 

Al entrar, un tufo terrible a alcohol la recibió. Lucas estaba tirado en el suelo y montones de botellas estaban dispersas a su alrededor. 

—¡Señor!  ¡Señor! ¿Está bien? 

Pregunto ella acercándose a ver su estado. 

Lucas estaba casi inconsciente, por lo que tardó en reaccionar. El corazoncito de Ámbar se arrugó. 

Pensó en Ximena, se veía que su esposo la amaba, pero por alguna razón, ella lo odiaba a muerte. Todos evitaban el tema como si se tratara de una maldición y le aconsejaron mantenerse al margen a toda costa. 

—¿Ximena? ¿Te sientes bien? ¿Ya no me odias? 

El rostro y la mirada completamente perdida de Lucas la sorprendieron. Ella trató de alejarse al instante, sin embargo, sus grandes manos se aferraron a su nuca y cintura respectivamente. 

Encerrándola en un firme, agresivo y posesivo beso. 

Ella con los ojos completamente abiertos, pudo sentir el fuerte sabor a alcohol. Y comenzó a sudar frio debido al evidente problema. 

Comenzó a manotear y tratar de alejarse empujándolo, pero él la sostuvo con una aterradora firmeza, Lucas frunció el ceño ante la familiar resistencia. 

Pero estaba tan harto y completamente frustrado que ignoró por completo sus intentos de escapar. 

—Si te atreves a querer escapar, terminaré de aniquilar a toda tu familia. 

Los empujones y negativas se detuvieron en seco, a la fuerza, entró su lengua en la dulce boquita frente a él. Se sentía un poco diferente a lo usual, pero pese a todo trató de despertar su poca consciencia. Hacía mucho que no podía tenerla en sus brazos de esa manera, anhelaba tener su calor, sus besos y escuchar sus dulces gemidos debajo de él.  

No podía esperar a tenerla por completo. Así le costará un poco más de odio de su parte.

Hasta que... 

—Señora... wuuuu, no es lo que usted piensa.... Hic… Por favor ayu…

—Vaya, me disculpo por interrumpir su “tiempo a solas”.

Como si de una tormenta de nieve se tratara, Lucas se sintió completamente indefenso y helado. 

Al mirar al frente, vio el rostro lloroso y lleno de miedo de Ámbar. Ella rápidamente se arrastró lejos de él y comenzó a acomodar su ropa. 

En un instante, la mirada consternada de Lucas, se convirtió en la de un demonio. 

—Eres una…

—Nunca dejarás de lado tú naturaleza, eres un sucio miserable. Estabas a punto de abusar de ella, ¿Y ahora la culparas?

Él regreso la mirada hacia Ximena y sintió como si el suelo se abriera bajo sus pies. 

Su mirada estaba llena de desdén y asco, combinada con algo de decepción y burla. 

Era la primera vez en su vida, que alguien además de su padre lo miraba de esa manera. 

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