El segundo día en la cabaña comenzó con una extraña sensación de déjà vu, como si todo lo que estaba viviendo ya hubiera ocurrido antes, solo que en una versión diferente, en un tiempo que ya no existía.
El amanecer llegó sin prisa, trayendo consigo el aroma del café recién hecho y el sonido de la leña crujir en la chimenea. Era un escenario casi poético, el tipo de imagen que alguna vez imaginé cuando Rune y yo éramos diferentes, cuando todo parecía más sencillo, cuando todavía era posible un