El gran salón de conferencias estaba repleto; un mar de rostros expectantes llenaba cada rincón del lugar. El sonido del murmullo colectivo creaba una atmósfera densa, una mezcla de incertidumbre y curiosidad que se extendía en oleadas. El aire vibraba con la anticipación de lo que estaba por ocurrir, pues todos sabían que este no era un anuncio cualquiera.
Las luces brillaban con intensidad sobre el escenario, donde mi padre, Raiden Beauregard, permanecía de pie con la postura imponente de un h