La villa Lancaster era un lugar que siempre me ofrecía una mezcla de tranquilidad y tensión. La primera por el aislamiento y la paz que brindaba, y la segunda porque cada visita allí significaba un movimiento estratégico. Esa noche no era diferente. Arzhel conducía con su habitual calma, pero podía notar la rigidez en sus manos mientras sostenía el volante.
Yo, en cambio, estaba ocupada tratando de organizar mis pensamientos. La salida de Rune estaba a la vuelta de la esquina, y sabía que eso s