El camino se extendía frente a nosotros mientras el auto de Arzhel se deslizaba suavemente por las carreteras. Yo miraba distraída por la ventana, sumida en mis pensamientos. El plan avanzaba, pero todavía había tantas piezas en el aire que no podía evitar sentirme inquieta.
—¿Por qué tomaste esta salida? —pregunté de repente, al notar que nos desviábamos de la ruta que llevaba a mi departamento.
Pero el tonto de Arzhel sonrió de lado, esa sonrisa que siempre parecía estar planeando algo.
—Relá