—Disculpen la intromisión —dijo una mujer mayor, de cabello negro corto, demasiado oscuro para su edad. Su sonrisa lucía cálida, pero su mirada no transmitía lo mismo.
—Necesitamos unas fotografías —dijo otra, con una cámara profesional llamando la atención de la mayor, de la fiscal y de una más que iba a su lado, sonriendo demasiado.
—Sí, pero no aquí. Tengo un caso. Discúlpanos, Vania, ¿Vania? —dijo la fiscal, buscándola con la mirada entre los presentes.
Vania maldijo por lo bajo.
No quer