Libérame - Declaración
Vania entró al edificio cargando en brazos a su hija, aunque el oficial Rivera había insistido, quizá demasiado, en darle una mano, así que tuvo que poner una excusa para evitarlo.
Él seguía mirándola con una intensidad avasallante, que en lugar de hacerla sentir halagada, la amedrentaba y la ponía incómoda.
La guiaron por varios pasillos, que lejos de tranquilizarla, la obligaron a voltear en repetidas ocasiones sobre sus hombros. Todo allí parecía caótico, la mayoría er