Vania se arrodilló frente a Hunter y lo miró a los ojos. Ni siquiera lo había tocado cuando él ya estaba respirando con dificultad, lo que hizo reír a Sander.
Ella se acercó despacio y acarició sus muslos velludos y le indicó que dejara parte de su trasero fuera de la tumbona. Se acomodó entre sus piernas abiertas antes de deslizar su lengua desde su ombligo hasta la raíz de su pene, rodeando la base y él jadeó como si lo hubiese hecho daño.
—¿Qué es lo que no te gusta? —preguntó con esa voz p