La sonrisa de Alexander lucía casi indeleble y al verlo junto a sus hermanos y sus cuñados, a Vania le pareció muy tierno. Cuando él no prestaba atención, ellos se veían demasiado emocionados como para retener sus miradas cómplices, además de unas cuantas lágrimas que retuvieron con cierta compostura. Estaban tan pendientes de él que incluso le pareció graciosos,
Esa noche todo parecía ser demasiado bueno para ser verdad; una sensación que Vania experimentó varias veces cuando algo le decía por