Miró el reloj del vehículo marcando las dos y treinta y cinco minutos de la mañana, así fue como Vania se dio cuenta de que estaban tardando demasiado en llegar al hospital.
Se giró a su lado para pedirle explicaciones a Andrea.
—¿Dónde vamos?
—A casa —le respondió con los ojos cerrados.
Se había acomodado en el asiento, pero abandonó su posición para acercarse y rodearla con su brazo.
—Quiero ver a Alexander. Llévame al hospital, por favor.
Tuvo que tragar con fuerza al verla negar.
—Lo