Su pregunta fue directa, como una daga clavada en el pecho, dispuesta a drenarla por completo. Jamás imaginó tener esta conversación tan pronto, así, sin sentirse preparada para lo que vendría después.
—No entiendo.
—No juegues conmigo y pongamos las cartas sobre la mesa. Me informaron que fue Angélica, quien dio la orden de que dejaran entrar a esos hombres al internado. ¿Qué interés podría tener ella en tu hija? ¿Quién es, para que pretendiera convertirla en una moneda de cambio?
—¿Sabes e