Alexander estuvo a punto de gritar su nombre antes de verla partir por el pasillo, pero al notarla indecisa y llena de demonios, prefirió dejarla en paz.
Con un comando de voz activó el sonido de la cámara en la habitación que acababa de ocupar y le rompió el corazón escuchar un llanto tan lastimero, muy parecido al que tenía él mismo desde hacía unos minutos.
Vania susurraba una oración casi ininteligible y se sintió un invasor desalmado al presenciarlo, pero lo que acababa de descubrir lo ame