Capítulo 59. Amor del bueno.
Francesco le acarició la mejilla con ternura y una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo. Sus dedos se deslizaron con lentitud hasta alcanzar el delicado arco de su mentón.
Con una presión apenas perceptible, guió su rostro hacia arriba, buscando sus ojos con una intensidad silenciosa que detuvo por un instante el bullicio del mundo que los rodeaba.
En ese breve instante, solo existía la conexión entre sus miradas, un universo de emociones tácitas que danzaban en el brillo de sus pupilas.
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