Capítulo 60. Horrenda visita.
Catalina clavó su mirada en su tío y, por primera vez en su vida, sintió que su mirada no lograba doblegarla. Ya no sentía aquel escalofrío de temor que solía paralizarla en su infancia.
Él había perdido el poder de hacerla sentir insignificante e intimidarla con una sola ojeada gélida. La niña a la que había echado sin piedad a la calle era ahora una mujer fuerte y resiliente.
Tampoco era la joven indefensa a la que había secuestrado y vendido como si fuera una simple mercancía, arrebatándole