Capítulo 55. Víbora ponzoñosa.
Los ojos de Aurora se clavaron en Catalina con una intensidad gélida, destilando un odio visceral y profundo. Su mirada era como un dardo envenenado, cargado de una furia tan intensa que parecía condensarse en el aire entre ellas.
Si las leyes de la física permitieran que la malevolencia ocular segara una vida, Catalina habría sucumbido al instante a esa fulminante ponzoña.
La animadversión que emanaba de Aurora era tan potente que resultaba casi tangible, una fuerza oscura que amenazaba con ar