Capítulo 108. Un veneno obligado a pronunciar.
—Si me demuestras que Catalina tuvo algo que ver con el robo, te aseguro que yo mismo la pondré en tus manos para que hagas con ella lo que quieras. Una mujer que es desleal no me sirve para nada —gruñó Francesco, la furia contenida en cada palabra.
Aquellas frases fueron como ácido quemándole la lengua, un veneno que se vio obligado a pronunciar, pero la necesidad de mantener su fachada era mayor.
Tobías lo miró con los ojos muy abiertos, una mezcla de sorpresa y una esperanza maliciosa cruzan