ALIANA
No planeo desmoronarme. Simplemente sucede.
Estoy sentada a su lado, como de costumbre, pero entonces mis hormonas toman el control y simplemente lloro. Él se ve tan tranquilo. Eso es lo único que me enfurece.
—Te odio —susurro de repente.
Estas palabras me sorprenden tanto a mí como a cualquier otro, porque en el fondo no lo digo en serio.
—Odio que tú puedas dormir —continúo, con la voz temblorosa—. Odio que cada mañana tenga que levantarme y actuar como si todo estuviera bien mientras