MICHAEL
Me despierto cada mañana sintiéndome irritado. No porque esté en el hospital, sino porque me duele la cabeza. Todos me miran como si me faltara algo. Merodean. Hablan con cautela. Hacen pausas antes de pronunciar ciertos nombres, ciertas palabras, como si caminaran alrededor de un bache en el suelo que se supone que debo ver, pero no veo.
—Estás mejorando —me dice el médico esta mañana, hojeando mi expediente—. La retención de memoria es excelente.
—Lo sé —digo con naturalidad—. Recuerd