MICHAEL
Escuché el clic de la puerta y levanté la vista con sorpresa al ver que ella regresaba a mí. Todo este tiempo, pensé que ya estaba durmiendo.
Se quedó de pie frente a mí, con la espalda apoyada contra el pomo de la puerta. Se veía totalmente etérea; mientras apoyaba su mano en su muslo, sentí una opresión en la entrepierna mientras la observaba con una falsa calma.
—He cambiado de opinión, Michael —declaró con coquetería, sin saber el impacto que su belleza natural tiene en mí. Tragué s