MICHAEL
Enera no pierde el tiempo.
Me guía hacia una terraza menos concurrida; la ciudad zumba bajo nosotros como si intentara no escuchar. El bajo del interior se escucha amortiguado aquí, lo suficientemente lejos para que podamos pensar. Ella se gira hacia mí, con los brazos cruzados, la mirada firme y la expresión serena.
—¿Qué quieres, Michael?
Directo al grano.
Exhalo lentamente. —Te sorprende que haya acudido a ti.
Ella arquea una ceja. —Me sorprende. Esquivaste a todas las personas que m