Después de estar con Samantha, de sentirla entre mis brazos, de hacerla mía; me retiraba de su vista derrotado. ¿Había hecho mal? ¿Había arruinado todo? No sabía entender o descifrar mis pensamientos, solo sabía que la estaba queriendo más de lo que podía imaginar. No quería aprovecharme de ella, para nada, pero si ella lo sentía así, debía hacerla cambiar de opinión.
Volví a mi apartamento, y Alicia estaba sentada en el sofá de nuestra sala; esperándome convertida en toda una fiera dispuesta a