Liah vaga por toda la ciudad mientras observa las distintas coordenadas con la posible ubicación del hombre que podría ayudarlo. Otra vez se pasa el pañuelo por el rostro y maldice, porque no soporta el abrumador calor que hace en ese territorio.
Una segunda botella de agua lo reconforta, pero odia sentirse pegajoso y sudoroso. Su piel blanca se ha tornado muy roja, y sus rizos rubios lucen mojados.
No lo soporta.
«Necesito encontrar la puta piedra para regresar a mi continente lo antes posible