Liah corta los panqueques que Debra le preparó mientras la criada le sirve el café. Entretanto, Tom, quien degusta huevos revueltos con tostadas, observa la manera poco disimulada con que la chica se come al rubio con la mirada.
—Ya vete para la cocina, niña —la reprende la señora, porque le molesta su comportamiento con el chico, dado que le parece de mal gusto que la muchacha actúe sin reparos delante de todos.
—Ya voy... —Ella se muerde el labio inferior al sentirse regañada—. ¿No quieres al