Leo se congeló al ver que frente a él se encontraba Rose, quien le sonreía como si fueran grandes amigos. «¡Qué m****a! ¿Cómo es que esa mujer vino aquí? Acaso descubrió que esta es mi casa. ¡No puede ser! Si esto es así, Claire y Maggie estarán en peligro», pensó angustiado.
En tanto, la cínica fémina se acercó y volvió a hablarle con cinismo.
—¿Qué haces aquí, Leo? ¿Viniste a comprar algún mueble?
Antes de que él respondiera, Jacob intervino.
—Disculpe, señorita, pero él es mi hijo Leonard