Una triste historia.
Ares.
Rápidamente, salimos de la cabaña, y a las afueras los soltados sostenían al detenido.
—Alfa, este Roger acusa a la luna de todo—dijo el beta.
—No estarás creyendo en él — respondió Azucena—. ¿Por qué motivo ordenaría el ataque de mi propia nada?
Ella tenía razón, en los últimos años, Azucena había asumido el papel de luna y lo había hecho excelente, trayendo prosperidad y abundancia. ¿Qué motivo tendría para atacar la manada?
De entre los soldados salió Mara, guerrera, y una antigua aman