Alexander.
Habían pasado dos días desde que habíamos desayunado todos juntos. Desde ese momento traté de hablar con Daria, pero esta me evitaba. Aún no entendía el porqué, pero estaba desesperado, pues deseaba estar junto a ella. Ares no decía ni hacía nada, pero sabía que se sentía igual que yo.
Así terminé un día más, un día en el que no logré conversar con ella. Derrotado, me fui a mi habitación. Después de tomar una ducha, me recosté en la cama.
Habían sido un día muy ajetreado, pues había