Punto de vista de Mariana
Me quedé en la furgoneta mucho después de que se cortara la comunicación.
El motor llevaba horas apagado. El aire dentro se sentía pesado y viciado, impregnado del olor a café frío y de mi propio agotamiento. Mis manos seguían apoyadas en el teclado del portátil, pero había dejado de teclear hacía rato. Me temblaban. Un temblor fino y constante que no podía controlar por mucho que apretara las palmas contra las teclas.
Miré fijamente la pantalla en blanco.
Mi reflejo m