Punto de vista de Mariana
El camino de regreso a la mansión fue silencioso. Ese silencio que se siente pesado, como el aire antes de una tormenta.
Me senté a un lado del espacioso asiento trasero. Dimitri se sentó al otro. Las dos niñas estaban apretadas entre nosotros, un pequeño y silencioso amortiguador. No se miraron. No miraron por la ventana. Miraron fijamente las alfombrillas, con las manitas entrelazadas en el regazo.
Lo intenté.
"¿Tienen hambre?", pregunté en voz baja. "Podemos ir a bu