La noche había caído sobre las montañas de Machu Picchu, envolviendo el campamento en una oscuridad pesada y casi tangible. Solo el parpadeo de la fogata iluminaba los rostros cansados de los presentes, proyectando sombras alargadas que bailaban como espectros entre las rocas. Afrodita estaba sentada cerca de Ethan, pero mantenía cierta distancia, observándolo con una mezcla de preocupación y cautela.
Ethan, por su parte, apenas notaba su presencia. Su mirada estaba fija en las llamas, pero sus