El resplandor del Orbe los envolvió en una luz tan intensa que por un instante todo desapareció: las montañas, los guardianes, incluso el suelo bajo sus pies. Ethan y Afrodita flotaban en un vacío luminoso, donde el tiempo parecía haberse detenido.
—¿Esto es otra visión? —preguntó Afrodita, su voz quebrando el silencio absoluto.
Ethan observó a su alrededor, pero no había nada que pudiera responder a su pregunta. Sostuvo el Orbe con fuerza, sintiendo cómo su calor se intensificaba, casi como un